Esperar duele
tanto como la ausencia,
al principio es fácil
porque el alma
está inundada de esperanza
Pero llega el Domingo
justamente por la noche
y el teléfono no suena,
una voz interna me repite
que tal vez sea el próximo
Pero pasan los inviernos
y una se da cuenta
que no nació para Penélope.
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