El tiempo perdido en la realidad
se recupera en los sueños,
al igual que esos trenes que no
alcanzamos.
Por correr, desesperados
en búsqueda del falso oro,
vulgar espejismo que emitieron pero necios e incrédulos aplaudimos.
A pesar de todo es mejor
caminar con una utopía vendida
porque nos da miedo aprender
a recorrer el trayecto livianos.
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